Resumen del Taller: Espacio de Sanación, realizado vía Zoom el sábado 18 de julio de 2020.

Oradores:
Lic. Alejandra Quirici y P. Juan Carlos Gil.

Vamos a compartir algunos ítems para tratar de ubicarlos y darles herramientas para su propia experiencia de oración, pidiéndole a Dios la sanación a través de las heridas de Jesús.

Parte de lo que comparto es algo extraído de la perspectiva de un Psicólogo norteamericano Bob Schuchts, fundador del Centro de Sanidad Juan Pablo II, de su libro Ser Sanado: Encontrando el Poderoso Amor de Jesús en tu Vida; en el itinerario planteado en El castillo interior de Santa Teresa de Ávila y el enfoque de personalidad de Donald Winnicott.

¿QUÉ ES LA SANACIÓN?

Sanación es el proceso de restauración de la salud de un organismo que perdió su homeostasis, su equilibrio. La raíz de la palabra enfermedad es in firmus, lo que no está firme.

Sanación espiritual es el mismo proceso, pero obrado por el Amor divino o sea que es un regalo directo del Amor de Dios, a través del Espíritu Santo, que es sostén en este camino, aliento en este itinerario y de quien esperamos fuerza y luz. Sin el Espíritu Santo no damos un paso, porque el recorrido de la sanación es un proceso para hacer con mucho respecto, con ternura. Es necesaria una intervención divina que nos reconstituya para vivir en la libertad de los hijos de Dios. Nos implica una liturgia de encuentro con el Señor.  “Vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros.” Rom 8, 9.

Como dice Santa Teresa, a nuestro castillo interior entramos a través de la oración que es la puerta hacia nuestra interioridad donde, quien habita es Dios.  Dejémonos mirar por esa mirada de Amor que no nos juzga, ajusticia ni condena, sino que quiere entablar con cada uno, una relación de Padre en la que permanezcamos, “permanezcan en mi amor”. Esta es su invitación.

Sanar es dar nueva vida. La sanación interior es la restauración del hombre interior: mente, mociones, recuerdos, deseos… Es el proceso por el cual, mediante la oración, el perdón, el discernimiento y los sacramentos somos liberados y renacemos.

Como discípulos amados queremos reclinarnos en el pecho de Jesús, “vengan a Mí los que están cansados y agobiados”. Nos llama y nos da un lugar para el descanso porque las heridas cansan y agobian. Un lugar privilegiado, el de los amados.

Quien realmente quiere sanar al hombre deber verlo en su totalidad y debe saber que su curación sólo puede ser por el amor de Dios”. Papa Benedicto XVI

Por eso hablamos de la liturgia del encuentro con Jesús dejándonos amar.

¿A qué nos referiremos cuando hablemos de herida o trauma?

A un momento, un hecho que golpeó, una experiencia que produjo una crisis dentro de nuestros criterios aprendidos, sensibilidad, referentes y que dejó marcas, malos recuerdos y produjo consecuencias dolorosas.

¿En qué notamos las heridas?

En conductas que nos limitan, nos muestra que nos falta libertad, que producen inhibiciones…  la herida que sigue teniendo poder sobre nosotros nos cierra el corazón, aleja, rompe la comunión, nos quita esperanza, alegría… porque nos da una idea errónea de nosotros mismos.

Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados.”  Is 53,5.

Aquel que tomó sobre sí cada una de nuestras caídas y heridas es quien nos acompaña y nos dice “vengan a Mí”.

Venid, volvamos al Señor. Pues Él nos ha desgarrado, y nos sanará; nos ha herido, y nos vendará.” Os 6,1

Hay una herida principal, que siempre es herida de desamor y nos debilita por dentro la relación con el primer Amor, el de Dios y posteriormente, con nosotros mismos.

Hablamos de la herida raíz, si avanzamos tenemos que hacer una disquisición.

Hay dos tipos de traumas principales:

  • Unos que son del tipo de un evento específico.
  • Otros cuyo origen está en faltas, carencias, ausencias de vivencias emocionales importantes para nuestra constitución con seguridad y confianza.

A lo que haya habido de traumático en la vida el desafío es el de aprender a mirarlo con Aceptación -porque muchas veces renegamos de lo que ocurrió y nos culpamos de aquello que no estaba en nuestro poder cambiar-. Se acepta al no juzgar lo que contemplo. Aceptar lo ocurrido es sólo observar, hacer consciente…  e ir conociendo así la experiencia de vivir…

Cuando en este terreno se presentan vivencias escabrosas hay un encuentro con Dios Padre, que nos permiten encararlas, cuando nos dice “Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos.”1 Juan 3:1. Y la palabra se hace carne en nosotros.

Gran parte de la fortaleza para la aceptación proviene de que Dios nos hizo familia, hay una filiación y una fraternidad incluidas.

Hablamos de Aceptar, también es preciso Afrontar lo que aparece cuando nos conectamos con nosotros y nuestro itinerario de vida. Afrontar es una tarea, la tentación que puede aparecer es la de negar heridas porque muchas están relacionadas con personas importantes y cercanas.

Somos hijo de Dios, Él nos dio una identidad de hijos. También nuestros hermanos lo son, por eso, asumir nuestra identidad extiende nuestra capacidad comprensiva y compasiva.

Hablamos de filiación porque las heridas psicológicas de filiación se sanan en el fortalecimiento de nuestra relación con Dios como Padre.

Sana mis llagas” pedimos al abandonarlas en Su Corazón, Él las Asume y redime de la misma manera que hace con nuestros pecados. Descubrir nuestras heridas en Cristo para que Él las haga suyas forma parte de un paso en este caminar.

Esta tarea de interioridad no tiene que desalentarnos, el proceso de sanación es guiado por el Señor y va de la mano de un proceso de conversión porque además de heridas, pecamos, y en consecuencia nos alejamos de su amor.

Los pecados son los que nos revelan los ídolos que tenemos. El pecado implica una elección.

¿Cuáles son los pecados en los que más caemos?

En nuestros ídolos encontraremos las inseguridades y heridas, detectar los más recurrentes puede ayudarnos a ver que muchas veces son una huida de la herida. El pecado se alimenta de esa herida, eso muestra cuán condicionados estamos.

Frente a la experiencia traumática aparece la herida y produce vivencias que se fortalecen falsamente para no mostrar lo vulnerable de mí y eso que se muestra fuerte en apariencia, es una mentira de identidad que son trampas psicológicas que perturban el conocimiento sobre nosotros mismos.

¿Cuáles son las heridas que se derivan de ese hecho traumático y los pensamientos que la señalan?

  • Abandono
  • Vergüenza
  • Miedo
  • Impotencia
  • Rechazo
  • Desesperanza
  • Confusión

No olvidemos algo muy importante LAS HERIDAS TIENEN UNA PEDAGOGÍA DE AMOR. En nuestro camino de conversión todo es semilla. El creyente vive en esa tensión entre nuestra oscuridad y luz, la fe nos lleva a creer en la victoria de Dios, aquí hay una pedagogía.

No podemos cambiar el pasado, pero ¿cómo miramos lo que hemos vivido?, ¿cuánto nos conocemos cuando decimos “soy así”?

Es importante aceptar, confrontar lo vivido desde la Luz de Dios para renunciar a la mentira sobre nosotros mismos, la herida puede ser real pero no la desproporción que toma. Tenemos la posibilidad de elegir, qué hacer con lo que hicieron, hice o viví. Junto a Dios podemos sanar, pero hace falta nuestro sí, nuestra oración, nuestro perdón, nuestra voluntad a Su acción.

¿Cuáles son los Frutos de la sanación?:

  • La Mansedumbre.
  • La Comunión.
  • Y el “Fiat”, el “Sí”.

Vía:  Zoom
Día:  Sábado 18 de julio de 2020.
Oradores: Lic. Alejandra Quirici y P. Juan Carlos Gil.